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viernes, 15 de abril de 2011

El tiempo, ese inprevisible


El tiempo siempre es un factor que preocupa cuando pedaleas a campo abierto. Cualquier cosa puede ocurrir, y como muestra vale esta: Aquí, en Galicia llevamos más de dos semanas con un tiempo espectacular, de calor y hasta de playa en muchos de los días. Yo diría que nos han robado parte de la primavera, no es normal lo que sucede. Y allá, a tres mil kilómetros, ayer mismo caían copos, nevaba en Trstená. Pues eso, que me podré encontrar de todo. A lo largo de los años andando en bici he sufrido frío, lluvia y, lo que es peor, ambas cosas a la vez. Los puertos de montaña de La Canda y el Padornelo son testigos de ello, o Lugo. Y pasé un calor asfixiante atravesando Portugal. Y que decir de esas tierras de Castilla donde la moral se te va a nivel del suelo cuando ves que esas rectas kilométricas se hacen interminables, aburridas… , calor insoportable, un verdadero horno… , y llegas a la línea del horizonte, a la siguiente curva, y te encuentras con el mismo panorama desolador. En ese momento hay que superarse mentalmente para decidir no echar pie a tierra y mandar todo al carajo.
Os presento dos secuencias ilustrativas. En una de ellas llovía, estaba con mi colega Daniel por tierras del Toboso (Toledo), y el agua caída sobre el terreno de arcilla creó una película de barro pastoso que la rueda trasera lanzaba contra los pedales y la cadena. Ambas cosas quedaron tapadas y nosotros empapados por lo que acabamos en una gasolinera echando monedas a la máquina de limpiar y con la manguera chorreándonos tanto la máquina como el piloto. Dios, mío, qué mojadura tan grande. 
 
Y en la otra fotografía es todo lo contrario. Eran tierras del Alentejo (Portugal), en primavera. Uno de esos preciosos días donde los sentidos gritan de pura satisfacción: Cielo limpio, azul, inmenso, atravesado por cientos, miles de cigüeñas que en sus idas y venidas constantes transportaban comida para sus retoños (es tiempo de crianza) o material para el nido. Alcornoques de pelo verde oscuro y negros de piel en medio de un campo multicolor, donde destacan especialmente las lilas y las margaritas, a las que el sol sabía muy bien como extraerles un delicioso olor, que el viento tranquilo se encargaba de acercarnos. Tuve que apearme de la bici para disfrutarlo, y sacar esta fotografía donde se ve esa torre del tendido eléctrico tomada por las cigüeñas. !Oh¡ revivirlo aún me emociona.

jueves, 14 de abril de 2011

Ruta - Trazado general


Vamos entonces con la ruta prevista. Nada mejor que echar un vistazo a un trazado general sobre el mapa de Europa.


Los puntos marcados se corresponden a:

(A)          Es mi lugar de residencia, en Marín, en la provincia de Pontevedra.
(B)            Este punto señala a Irún, en la provincia de Guipúzcoa. Desde aquí comenzaré mi andadura en bicicleta. Solo tendré que cruzar el río Bidasoa y ya me encontraré pedaleando por tierras de Francia.
(C)          Este punto es la meta, allí donde está fijada mi vista, mi objetivo final: Trstená.

Ente los puntos A y B viajaré en autobús por razones de tiempo y, también, porque quizá sean demasiadas las jornadas que pasaré sobre la bici para que mis piernas y mi culo lo soporten sin resentirse. Nada de lo que me aporta, paisajísticamente  hablando, me motiva dado que ya lo he recorrido en tres ocasiones distintas.

La ruta atraviesa por completo Francia, Alemania y Austria. Y Eslovaquia en, al menos, su mitad. En total serán 2.260 km., aproximadamente.

Si bien no conozco las carreteras y caminos por donde pretendo circular si he tenido en cuenta determinados criterios para hacer la elección del trazado. Con carácter general evito todo tipo de vías de peaje, ya que está prohibida la circulación por ellas para bicicletas. Debo hacerlo, por tanto, eligiendo carreteras nacionales y secundarias.

El porqué de este viaje


 Los primeros días de mayo es la fecha elegida para comenzar a rodar camino de Trstená, un bonito pueblo de Eslovaquia, y así cumplir con el compromiso dado a un grupo de chic@s del Gymnázium Martina Hattalu.

Pues sí, un día cualquiera de hace ya algunos meses mi amiga Alicia me invitó a compartir un rato de charla con sus chicos de primer curso a través de videoconferencia. Ella es profesora de español en este instituto bilingüe y, pensó que la experiencia podría ser positiva para estos alumnos en concreto cuya edad se mueve en el corto tramo de los 14 a 16 años. Hablamos de lo de siempre: nombres, lugar de residencia, aficiones… sí, sí, aficiones, y esa fue la clave de todo. Creo yo que debía haber pasado por alto este apartado donde, cuando cuadra, hablo apasionadamente de mi amor por la bici. Lo cierto es que de aquel encuentro virtual surgió una propuesta de boca de Simona, una de mis interlocutoras, alumna ella, y me retó a viajar hasta allí. Ya no me acuerdo bien de los términos del “contrato verbal” pero la cuestión es que dije “sí” y esta afirmación ya me dejó atado, y bien atado, como si fuese el “sí” de un matrimonio al uso. ¡¡ Uffff ¡!!

Y heme aquí planificando, viendo mapas, revisando rutas, volando sobre media Europa con mi Google Maps y observando los montes y los ríos que atravesaré… y ¡oh, dios! cuando le doy a la tecla, y se dibuja esa sinuosa y azulada línea que enlaza España con Trstená, se me queda cara de tonto y la vista clavada en el mapa. Es larguíííííííííísima. Yo tengo experiencias de años anteriores, pero nunca superé los mil kilómetros de una sola vez.

En fin, ¿quién dijo miedo?. Chicos, voy para allá. Bueno, lo intentaré al menos, jajajaja.

Que esté escribiendo en este blog no es casualidad ni tampoco lo hago porque tenga el ánimo inflado o porque quiera vender al mundo mi pequeña aventura, no, nada de eso. Alicia y yo llegamos al convencimiento de que sería bueno ir escribiendo la experiencia, por más de un motivo, pero especialmente porque leernos contribuirá a que sigáis ampliando vuestros conocimientos del idioma español. Sé que la curiosidad estará golpeando constantemente en vuestro ánimo y que entraréis con frecuencia en el blog. Lo leeréis, lo comentaréis y se generarán pequeños debates. 

¿Qué os parece? a mí me servirá de acicate y me dará ánimos cada jornada. Será como abrir cada mañana la ventana de mi “vivienda” rodante para contemplaros y ver los comentarios que a buen seguro habréis de hacer. Será genial, no me abandonéis.

Desconozco de cuántas oportunidades dispondré ni cuánto tiempo podré dedicar a reflejar aquí el día a día pero pondré todo el empeño posible.

Simona, tú tienes la culpa de que me vea metido en este lío, jajajaja. Espero que asumas tu responsabilidad y que, cuando llegue a Trstená, tengas un ramo de flores para mí. Además, te recuerdo que te comprometiste a recorrer los últimos kilómetros conmigo.