Esta entrada la hago ya desde el destino: Trstená (Eslovaquia). Hace ya varios días que he llegado pero ¨desconecté¨ enseguida y me dejé arrastrar por la desgana.
Es ahora, que el viaje ha terminado, cuando empiezo a ¨rebobinar¨ recordando cosas, cada día de marcha había poco tiempo para pensar, era un continuo pedalear durante un montón de horas y, a la llegada imperaba el deseo de descansar.
El camino por Alemania y Austria fue realmente llano, cosa ya esperada teniendo en cuenta que seguí el trazado del río Danubio. Por el contrario, pedalear siguiendo el río supuso un buen puñado más de kilómetros que por carretera, ya que el río es sinuoso en muchos de sus tramos. Precisamente por ello hube de cruzarlo en barca en un par de ocasiones, más buscando la facilidad del trazado que el ahorro de distancia, que fue mínima.
Viena era para mí una ciudad mítica. Aunque pensaba pasar de largo, decidí adentrarme y fotografiarla, ver su centro histórico, patrimonio de la humanidad, pero era mucha ciudad para recorrer en un par de horas manejando una bicicleta con tanto peso. A la vista de los inconvenientes solo paré para tomarme un café con un trozo de tarta y comprar comida. Partí enseguida buscando la salida a través del canal central que lleva al Danubio. Otra vez será, pero no en bici, prefiero hacerlo andando y con tranquilidad, para disfrutarla como se merece.
La parte de Eslovaquia fue bastante distinta. Debo comentar antes que nada, que Bratislava me gustó mucho, más que la ciudad, el ambiente, el modo de vida. En realidad, me pasa con el resto de sitios que conozco de este país, me parece un lugar agradable para vivir. A mis gentes de Galicia decirles que esto, paisajísticamente, es muy similar a nuestra tierra, es muy verde. Por las fotos podréis comparar.
Los ríos Rhin y Danubio han sido mis guías y motivo de muchas y agradables sorpresas. Ambos son enormes. La navegación por ellos hay que verla, es sorprendente. Las exclusas que permiten la navegación entre los distintos niveles del río son de auténtico asombro, especialmente en las ciudades grandes como Passau, donde el puerto te deja con la boca abierta. Y luego queda la parte poética, esa que aporta el propio río, mezclando con sus brumas al amanecer los colores de la primavera en sus orillas, los reflejos del sol en el agua al alba o a la puesta del sol, o los cisnes, siempre elegantes, nadando con sus polluelos al lado, lo mismo que los patos. Y que decir de una nutria con su cría. Pero he de reconocer que nunca encontré un “Danubio azul”, como mucho, de un verde claro, toda una decepción, (jejeje, es broma).
Como en todo viaje hay una clara división entre lo físico- el viaje andado, el cansancio del cuerpo, etc.- y esa otra experiencia que te deja el tratar con las personas de los sitios por los que pasas, las que te ayudan y las que te ponen cara-cartón, las que pasan de largo y aquellas que acuden voluntariosas cuando te ven rompiéndote el coco mirando los mapas. O esas que te sacan de un apuro porque te han visto cara de no sé qué, o que el instinto les dice que eres de confianza y te ayudan actuando de un modo más allá de lo que esperarías. Y no me olvidaré de mis ¨guías¨ circunstanciales, esos que van en su bici (ellos eran de mi confianza) y les preguntaba por una salida o por el emplazamiento del camping y hacían perrerías con el idioma mezclando palabras en el suyo propio y el inglés para intentar entenderse contigo y, al final, cuando comprueban que no es efectivo optan por un ¨follow me¨ y se lanzan delante de ti hasta llevarte al lugar, a veces durante kilómetros. Este método del ¨sígueme¨ lo han practicado no solo en bici, también me guíó gente andando, en un todo terreno 4x4 y, hasta en silla de ruedas. Esto fue especialmente emotivo, ocurrió en Alm (Alemania), yo me dirigí a un grupo e intencionadamente pregunté al de la silla. Jo, le debió parecer fantástico porque no me dejó hasta que, él delante, y yo al paso, me situó allí donde quería.
Y podría contar más y más anécdotas, pero todas tienen el mismo trasfondo de solidaridad, de ayuda, de ánimo… He podido comprobar cómo dos personas, cuando quieren, se entienden perfectamente, sin tener idioma en común. Querer es poder. He llegado a estar con dos alemanes, dos paisanos, tomando una cerveza y riendo sobre los comentarios que hacíamos, ¿podéis creerlo?, nos comunicábamos perfectamente.
Y ya que hablo de solidaridad, es momento de volver a recordar al amigo Horst que me arregló la vida el peor día, cuando tenía el ánimo por el suelo y el cuerpo cansado y mojado. O de las chicas de turismo de Montceau les Mines, en la Borgoña francesa, que no cejaron en su esfuerzo hasta conseguir una solución para que durmiera sin que me costara dinero. O a esa señora de Tulln (Austria), que no dudó en ofrecerme su PC ¡el de su domicilio! para leer el correo, y como no me comprendía bien acabó marcando en su móvil el número de una tía suya que estaba en España para que sirviera de traductora, genial, ¿verdad?
Pues de ellos me acuerdo, por ellos mereció la pena semejante viaje. Por ellos os digo que existe ese ¨otro¨ viaje, el bueno, el que no cansa, el emotivo, el que te atrapa y que, olvidándote del cansancio, te hace pensar en volver a repetir otra experiencia similar, no importa dónde porque la buena gente, esta gente que menciono, se encontrará allí donde llegues, sin duda.
Gracias a todos, en especial a todos los que me habéis aportado un poquito de energía positiva enviando comentarios de apoyo, os aseguro que me dio mucho placer leerlos. Un saludo muy cariñoso a los chicos y chicas de primer año del Instituto MARTINA HATTALU de Trstená con los que me comprometí en este viaje y a los que visitaré para compartir la experiencia. Y gracias a Alicia, mi perfecta ayuda particular, por mantener la información del blog al día.
Y aunque suene un poco tonto mencionaré el buen comportamiento de mi bici, mi compañera de ya cinco campañas de alforjas y que en ningún momento me ha dejado tirado. Supongo que parte del éxito pertenece al buen trato y al saber hacer del piloto, jeje. Yo con mi sangre española por mis venas, y ella, con su aire español, aún, en sus ruedas hicimos un buen equipo.
Un abrazo muy grande para todos
Como parece ser que el tema fotos tuvo cierto éxito, en cuanto pueda volveré a colgar un puñado de ellas.